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Los hombres viejos de Miguel Hernández

d.b

CUAC. Sería osadía por nuestra parte -y lo es- excluir o ningunear a tantos y tantos poemas de tantos y tantos poetas, sin ni siquiera citarlos en este post -ya hicimos en varios capítulos la Lista de boda para la poesía a la cual remitimos-, con la decisión de elegir a tan solo uno de ellos para presentároslo bajo la etiqueta –osada también– del mejor poema de la Historia para La polla en verso.


El fallo sin premio recae en el título «Los hombres viejos» de Miguel Hernández, uno de esos poemas malditos y censurados a lo largo de décadas, recuperado a ráfagas inestables por algunos pocos y subido a los altares con éxito por la mayoría de jóvenes lectores y poetas principiantes que hayan tenido la fortuna de descubrirlo, oculto como se hallaba en el baúl de las desdichas. Nos referimos a unas pinceladas hipnóticas en forma de versos que pertenecen a su libro «El hombre acecha», seguramente el más desgarrador, humano y combativo testimonio escrito durante la Guerra Civil Española.


El motivo de elegirlo es porque reúne características muy cercanas a lo que toda poesía debería ser a vista de La polla en verso. En primer lugar, el poema ha pasado a la Historia por la fuerza que condensa. Son versos de una musicalidad inaudita, sobre todo en la primera parte, que restallan y quedan grabados en la memoria, fáciles de recitar pese a la longitud del poema –más mérito si cabe-, que se aprenden y se dicen de boca en boca, cumpliéndose el fin originario que todo poeta ha de perseguir con sus poesías. Es memorable. En segundo lugar, el autor no se censura ni utiliza eufemismos, no hay palabras tabúes en sus versos. Es libre y llama a las cosas por su nombre, aun sabiendo que puede faltar a mucha gente. Porque poesía no solo es «amor, corazón, vida, lágrima o pena», sino también es «jodiendo, coños, pedos, cojones y putonas», palabras que pueden ser tan poéticas o más que las anteriores.

En tercer lugar, porque es creativo y audaz, rompe con moldes establecidos. «Los hombres viejos» crea vanguardia, sin parangón en la época, reinventando un estilo que desde el mismo Quevedo nadie se había atrevido a utilizar en España de manera tan directa –y no me refiero a la poesía satírica que todos conocemos, sino a su vertiente más radical y extremista–, porque no duda en utilizar el lenguaje más vulgar y barriobajero que se conoce, incluyendo todo tipo de palabrotas, para alcanzar cimas tan altas en el arte de escribir versos. Un estilo mordaz y ácido en auge en las últimas décadas, gracias a nuevos poetas que han seguido esta línea con más o menos variaciones y se han hecho un hueco en el saturado panorama poético actual. En cuarto lugar, porque describe el sufrimiento de un ser humano (todos sabemos la pasión y muerte de Miguel Hernández) con grandes dosis de desgarro y resentimiento estremecedor. Como un arma cargada de futuro, estos versos de denuncia –para qué si no la poesía inciden en el periodo más triste de la Historia de España fue escrito entre 1937 y 1938 y son una crítica feroz al capitalismo extendido por el mundo. Y todo eso lo personaliza en los hombres viejos, en los que mandan, en los adinerados, en los jueces, en los políticos, en los poderosos, en el clero, en los de clase alta, en los que nunca mueren, en los que no lucharán en ninguna guerra; y el autor se posiciona entre los combatientes, entre los que piden justicia, entre los pobres, entre la gente humilde, entre los de clase baja, entre los obreros, entre los campesinos, entre los llenos de vida, entre los jóvenes.

Y pese a todo lo dicho, todavía resta decir en quinto y último lugar, que «Los hombres viejos» es un poema universal que se puede extrapolar a cualquier lugar y época sin perder un ápice de verdad ni sentido, pues todo lo que dice y cuenta ocurría antes y ocurre en la actualidad, ya sea en España o en cualquier otro país del mundo. Es sumamente difícil componer de cara al futuro, pero la realidad es que estos versos no podrían tener tanta trascendencia y estar tan en boga como hoy día, 72 años después de haber sido escritos. He aquí una obra maestra de un joven de 27 años del campo y sin estudios. La madre que lo parió:


I
Nacen puestos de gafas, y una piel de levita,
y una perilla obscena de culo de bellota,
y calvos, y caducos. Y nunca se les quita
la joroba que dentro del alma les explota.

Pedos con barbacana, ceremoniosos pedos,
de su senil niñez de polvo enlevitado,
pasan a la edad plena con polvo entre los dedos,
sonando a sepultura y oliendo a antepasado.

Parecen candeleros infelices, escobas
desplumadas, retiesas, con toga, con bonete:
una congregación de gallardas jorobas
con callos y verrugas al borde del retrete.

Con callos y verrugas, y coles y misales,
la dignidad del asno se rebela en la enjalma,
mirando estos cochinos tan espirituales
con callos y verrugas en la extensión del alma.

Alma verrugicida, callicida la vuestra.
Habéis nacido tiesos como los monigotes,
y vivís de puntillas, levantando la diestra
para cornamentar la voz y los bigotes.

Saludáis con el ano, no arrugáis nunca el traje,
disimuláis los cuernos con laureles de lata.
No paráis en la tierra, siempre vais de viaje
por un país de luna maquinal, mentecata.

Nacéis inventariados, morís previa promesa
de que seréis cubiertos de estatuas y coronas.
Vais como procesados por el sol, que procesa
aquello que señala delito en las personas.

Os alimenta el aire sangriento de un juzgado,
de un presidio siniestro de abogados y jueces.
Y concedéis los pedos por audiencia de un lado,
mientras del otro lado jodéis, meáis a veces.

Herís, crucificáis con ojos compasivos,
cadáveres de todas las horas y los días:
autos de poca fe, pasto de los archivos,
habláis desde los púlpitos de muchas tonterías.

Nunca tenga que ver yo con estos doctores,
estas enciclopedias ahumadas, aplastantes.
Nunca de estos filósofos me ataquen los humores,
porque sus agudezas me resultan laxantes.

Porque se ponen huecos igual que las gallinas
para eructar sandeces creyéndose profundos:
porque para pensar entran en las letrinas,
en abismos rellenos de folios moribundos.

Sentenciosas tinajas vacías, pero hinchadas,
se repliegan sus frentes igual que acordeones,
y ascienden y descienden, tortugas preocupadas,
y el corazón les late por no sé qué rincones.

No se han hecho para estos boñigos los barbechos,
no se han hecho para estos gusanos las manzanas.
Sólo hay chocolateras y sillones deshechos
para estas incoherencias reumáticas y canas.

Retretes de elegancia, cagan correctamente:
hijos de puta ansiosos de politiquerías,
publicidad y bombo, se corrigen la frente
y preparan el gesto de las fotografías.

Temblad, hijos de puta, por vuestra puta suerte,
que unos soldados de alma patética deciden:
ellos son los que tratan la verdadera muerte,
ellos la verdadera, la ruda vida piden.

La vida es otra cosa, sucios señores míos,
más clara, menos turbia de folios, de oficinas.
Nadan radiantemente sus cuerpos en los ríos
y no usan esa cara de múltiples esquinas.

Nunca fuisteis muchachos, y queréis que persista
un mundo aparatoso de cartón estirado,
por donde el cartón vaya paticojo y turista,
rey entre maniquíes de pulso congelado.

Venís de la Edad Media donde no habéis nacido,
porque no sois del tiempo presente ni el ausente.
Os mata una verdad en el caduco nido:
la que impone la vida del siempre adolescente.

Yo soy viejo: tan viejo, que el primer hombre late
dentro de mis vividos y veintisiete años,
porque combato al tiempo y el tiempo me combate.
A vosotros, vencidos, os trata como a extraños.

II

Trapos, calcomanías, defunciones, objetos,
muladares de todo, tinajas, oquedades,
lápidas, catafalcos, legajos, mamotretos,
inscripciones, sudarios, menudencias, ruindades.

Polvo, palabrería, carcoma y escritura,
cornisas; orinales que quieren ser severos,
y se llevan la barba de goma a la cintura,
y duermen rodeados de siglos y sombreros.

Vilmente descosidos, pálidos de avaricia,
lo que más les preocupa de todo es el bolsillo.
Gotosos, desastrosos, malvados, la injusticia
se viste de acta en ellos con papel amarillo.

Los veréis adheridos a varios ministerios,
a varias oficinas por el ocio amuebladas.
Con el sexo en la boca canosa, van muy serios,
trucosos, maniobreros, persiguiendo embajadas.

Los veréis sumergidos entre trastos y coños
internacionalmente pagados, conocidos:
pasear por Ginebra los cojones bisoños
con cara de inventores mortalmente aburridos.

Son los que recomiendan y los recomendados.
La recomendación es un procedimiento.
Por recomendación agonizan sentados
donde la muerte cómoda pone su ayuntamiento.

Cuando van a acostarse, se quitan la careta,
el disfraz cotidiano, la diaria postura.
Ante su sordidez se nubla la peseta,
se agota en su paciencia la estatua más segura.

A veces de la mala digestión de estos cuervos
que quieren imponernos su vejez, su idioma,
que quieren que seamos lenguas esclava, siervos,
dependen muchas vidas con signo de paloma.

A veces son marquesas íntimas de ambiciones,
insaciables de joyas, relumbronas de trato:
fracasadas de título, caballares de acciones,
relinchan por llevar el mundo en el zapato.

Putonas de importancia, miden bien la sonrisa
con la categoría que quien las trata encierra:
políticas jetudas, desgastan la camisa
jodiendo mientras hablan del drama de la guerra.

Se cae de viejo el mundo con tal matalotaje.
hijos de la rutina bisoja y contrahecha,
valoran a los hombres por el precio del traje,
cagan, y donde cagan colocan una fecha.

Van del hotel al banco, del hotel al paseo
con una cornamenta notable de aire insulso.
Es humillar al prójimo su más noble deseo
y el esfuerzo mayor lo hacen meando a pulso.

Hemos de destrozaros en vuestras legaciones,
en vuestros escenarios, en vuestras diplomacias.
Con ametralladoras cálidas y canciones
os ametrallaremos, prehistóricas desgracias.

Porque, sabed: llevamos mucha verdad metida
dentro del corazón, sangrando por la boca:
y os vencerá la férrea juventud de la vida,
pues para tanta fuerza tanta maldad es poca.

La juventud, motores, ímpetus a raudales,
contra vosotros, viejos exhombres, plena llueve:
mueve unánimemente sus músculos frutales,
sus máquinas de abril contra vosotros mueve.

Viejos exhombres viejos: ni viejos tan siquiera.
La vejez es un don que cederá mi frente,
y a vuestro lado es joven como la primavera.
Sois la decrepitud andante y maloliente.

Sois mis enemiguitos: los del mundo que siento
rodar sobre mi pecho más claro cada día.
Y con un soplo sólo de mi caliente aliento,
con este solo soplo dicté vuestra agonía.

-Los hombres viejos de Miguel Hernández-

Conoce el poema más polémico y guarro de César González-Ruano:
http://lapollaenverso.blogspot.com/2007/03/su-pene-largo-y-ancho-protege-la-vida.html

7 huevos bien puestos:

Amanda Manara dijo...

Qué poderío el de Miguel Hernández, definitivo. Gracias por descubrírmelo.

Y seguiré leyendo esa maravilla de blog que tienes, caray, me puede llevar semanas. Uno de estos dias te enviaré un poema.

Gracias por seguirme, por permitirme descubrirte y por compartir ese amor por las letras.

Un beso

Edu dijo...

Miguel Hernandez, es decir pueblo, libertad, lucha. Miguel vive en el seno del corazón de su pais de muchos pueblos.
Un Saludo

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Un Blog para consultar permanentemente quienes gustamos de la poesía.

Un saludo amigo de lajanas tierras allende el mar

Andri Alba dijo...

Pues me lo he leído enterito al final. Lo más chulo de todo es que lo haya hecho a los 27 añitos y sin estudios. Es que va a ser que sí, eso de que algo posee al que escribe y salen cosas que uno mismo se pregunta si las escribió.

Un poema muy peído y muy criticón y muy viejo (adorable por eso). Dime una cosa: ¿Cómo se puede joder mientras se habla de guerra? jajajajja. En este absurdo mundo, creo que muchas cosas son posibles.

Sabes? Yo habría puesto una pequeña introducción al principio para que el poema fuera más protagonista, y al final hubiera instruido todo lo que lo hiciste al principio, pues así, el que da su opinión, parece que adivinara lo que el autor estaba queriendo expresar, aunque no es ninguna adivinanza, por supuesto. A mi, personalmente hablando, me jode mucho adivinar, me desafía a veces. Otras, lo detesto. Pero bueno, en este siempre tuve la sensación de que sabía a lo que se estaba refiriendo el autor, y cuando leí la introducción, se me acabó de revelar, pues leo al revés, leo primero el final y luego leo el principio. Es una puta manía que tengo, odio ajustarme. Qué mal que sea una desajustada, no?

Abrazo pa ti.

Yo

GUMIEL dijo...

Me llamo la atención el titulo de tu blog y me alegro haber entrado pues me ha permitido leer un poema extraordinario que no conocía. Gracias por darme esa satisfacción. Yo escribí otro poema para los "PODEROSOS" nunca se igualara a este porque a Miguel no hay quien le iguale pero al leer el de este genio he recordado mi coraje e impotencia de cuando lo escribí y he pensado en lo que sentiría este gran poeta cuando dio rienda suelta a sus expresiones hacia estos "PODEROSOS". UN SALUDO

relatos eroticos dijo...

es pa quedarse todo el dia leyendo...

Preste Juan dijo...

¡Bravo!

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