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Sonetos de Lope de Vega y Joaquín Sabina (Tercer Asalto) con juez de la contienda

d.b
MADRID. Este es el asalto más especial de todos los que se han vivido. Tanto es así que cuenta con un árbitro de lujo. Un trío de ases interrelacionados entre sí por la poesía. Dos sonetos y un poema considerado por muchos críticos como el mejor del mundo. Los sonetos corresponden a los dos púgiles ya conocidos. El mejor poema del mundo corresponde al árbitro de la contienda, don José Hierro.



En primer lugar, os presento el poema más conocido de Lope de Vega, donde se detalla y define lo que es un soneto. En segundo lugar, doy fe de los desgarradores versos de Joaquín Sabina que le dedica a José Hierro, poco antes de su muerte. Por último, para cerrar el círculo, José Hierro escribe sobre la vida de Lope de Vega, en un poema de amor inolvidable. Quedarse solo con uno es imposible. Al menos eso creo yo…




«Soneto de repente» de Lope de Vega:


Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

«No te nos mueras, Pepe» de Joaquín Sabina:


No te nos mueras, Pepe, que te mato,
no nos dejes la vida tan viuda,
ofende más la sangre que la duda,
no nos digas adiós quédate un rato.


Rezando estoy por ti como un beato
de hinojos ante Cristo y ante Buda,
a los pies de una virgen sordomuda
que empapa de diptongos tu retrato.

Que se joda la puta desdentada,
que suspendan en hierro a los doctores,
que vean amanecer las mariposas.


Que vuelva a trasnochar la madrugada,
que hagan puente los viernes de dolores,
que tenemos que hablar de muchas cosas.





«Lope. La Noche. Marta» de José Hierro:


"He abierto la ventana. Entra sin hacer ruido
(afuera deja sus constelaciones).
«Buenas noches, Noche».
Pasa las páginas de sombra
en las que todo está ya escrito.
Viene a pedirme cuentas.
«Salí al rayar el alba —digo—.
Lamía el sol las paredes leprosas.
Olía a vino, a miel, a jara»
(Deslumbrada por tanta claridad
ha entornado los ojos).
La llevan mis palabras por calles, ascuas, no lo sé:
oye la plata de las campanadas.
Ante la puerta de la iglesia
me callo, me detengo —entraría conmigo
si yo no me callase, si no me detuviera—;
yo sé bien lo que quiere la Noche;
lo de todas las noches;
si no, por qué habría venido.
Ya mi memoria no es lo que era. En la misa del alba
no dije Agnus Dei qui tollis peccata mundi,
sino que dije Marta Dei (ella es también cordero de Dios
que quita mis pecados del mundo).
La Noche no podría comprenderlo,
y qué decirle, y cómo, para que lo entendiese.
No me pregunta nada la Noche,
no me pregunta nada. Ella lo sabe todo
antes que yo lo diga, antes que yo lo sepa.
Ella ha oído esos versos
que se escupen de boca en boca, versos
de un malaleche del Andalucía
—al que otro malaleche de solar montañés
llamara «capellán del rey de bastos»—
en los que hace mofa de mí y de Marta,
amor mío, resumen de todos mis amores:
Dicho me han por una carta
que es tu cómica persona
sobre los manteles, mona
y entre las sábanas, Marta.
qué sabrá ese tahúr, ese amargado
lo que es amor.
La Noche trae entre los pliegues de su toga
un polvillo de música, como el del ala de la mariposa.
Una música hilada en la vihuela
del maestro del danzar, nuestro vecino.
En la cocina la estará escuchando Marta;
danzará, mientras barre el suelo que no ve,
manchado de ceniza, de aroma, de trigo candeal,
de jazmines, de estrellas, de papeles rompidos.
Danza y barre Marta.
Pido a la Noche que se vaya. Hasta mañana. Noche.
Déjame que descanse. Cuando amanezca regaré el jardín,
saldré después a decir misa
—Deus meus, Deus meus, quare tristis est anima mea—
luego volveré a casa, terminaré una epístola en tercetos,
escribiré unas hojas
de la comedia que encargaron unos representantes.
Que las cosas no marchan bien en el teatro,
y uno no puede dormirse en los laureles.
Hasta mañana, Noche.
Tengo que dar la cena a Marta,
asearla, peinarla (ella no vive ya en el mundo nuestro),
cuidar que no alborote mis papeles,
que no apuñale las paredes con mis plumas
—mis bien cortadas plumas—,
tengo que confesarla. «Padre, vivo en pecado»
(no sabe que el pecado es de los dos),
y dirá luego: «Lope, quiero morirme»
(y qué sucedería si yo muriese antes que ella).
Ego te absolvo.
Y luego, sosegada, le contaré, para dormirla,
aventuras de olas, de galeones, de arcabuces, de rumbos marinos,
de lugares vividos y soñados: de lo que fue
y que no fue y que pudo ser mi vida.
Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar."





Benditos malditos en un segundo asalto

d.b
MADRID. Los fantasmas de la noche. La locura, la imaginación. El poder de los que se esconden, de los que viven en las sombras. De lo prohibido, de los tabúes. Dos retratos que se fusionan y se complementan en un suceder de expectación y secretismo. Una misma perspectiva o dimensión al alcance de los que juzgan.


«A la noche» de Lope de Vega:



Noche, fabricadora de embelecos,
loca, imaginativa, quimerista,
que muestras al que en ti su bien conquista
los montes llanos y los mares secos;
habitadora de cerebros huecos,
mecánica, filósofa, alquimista,
encubridora vil, lince sin vista,
espantadiza de tus mismos ecos:
la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,
solícita, poeta, enferma, fría,
manos del bravo y pies del fugitivo.
Que vele o duerma, media vida es tuya:
si velo, te lo pago con el día,
y si duermo, no siento lo que vivo.



«Benditos malditos» de Joaquín Sabina:



Benditos sean los dulces maricones
con su velo de tul, ole sus huevos,
los armarios desiertos, los condones,
las alanas, los vándalos, los suevos.
Benditas sean las tímidas lesbianas
que comparten el baño de señoras,
Gretas Garbo, Chavelas, Marijuanas
sáficas, vaginitas de Pandora.
Benditos sean los after hours de ambiente
que incumplen el noveno mandamiento
y el sexto en beneficio de la gente.
Se portó mi compadre Zapatitos
llevando el corralito al parlamento,
las cosas como son, dijo Panchito.
Malditos sean los probos concejales,
la objeción de conciencia sin conciencia,
los obispos sin alma, los mortales
pecados veniales, qué inclemencia.
Maldito el posmoderno Torquemada
que excomulga la mancha de la mora,
el infierno que incendia la alambrada
del amor con cadenas a deshora.
Pobrecita la esposa que comulga
con ruedas de molino los domingos,
sin profanar la veda de la pulga.
Maldito el torvo esposo que la obliga
cuando vuelve los sábados del bingo
a ponerse las medias y las ligas.

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