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Poemas en francés de María Zambrano (Cap.II)

Su primer poema, escrito en francés

d.b
MADRID. La obra en verso de María Zambrano –anterior a su prosa– sirve de impulsión simbólica a la fenomenología que ella practicará en su primera etapa ensayística. Son los denominados «delirios», donde la imaginación humana se hace creadora, con altas resonancias y reminiscencias a San Juan de la Cruz.


Su primer poema de 1946 está –excepcionalmente– escrito en francés. Jesús Moreno Sanz cree que se debe a la amistad que mantenía con el poeta René Char, quien «puede que fuera su inductor o principal destinatario de sus primeros versos».


El poema, que roza el sarcasmo, da buena cuenta del ir y venir de Zambrano por las pensiones de París, por Trocadero, donde la escritora busca sin éxito alojamiento viéndose rechazada muchas veces por las porteras parisinas. Simboliza la desolación con un lenguaje muy coloquial y simple, con frases entrecortadas que crean una atmósfera de ruptura en todo el poema. El ritmo irregular que adquiere el poema condensa el realismo y la cotidianeidad de una vivencia obsesiva, quizás traumática, y que la mente repite constantemente como si el tiempo se hubiese paralizado. Quien haya leído el «Ulyses» de Joyce verá ciertas semejanzas con la técnica de pensamiento interior que se relata de personajes como Leopold Bloom.




Primer Poema (1946):


Merci bien
trés, trés merci
mais non, c´est trés bien

Je vous en prie madame
n´a pas de quoi
Allez, allez vite
c´est complete, mais c´est trés bien.

Un cabotin, un fumiste,
un debrouillard,
la place de L´Alma, un pompier
ça m´est egal

Quand vous voudrez
Ah! madame si vous saviez
c´est bien
les vieux bon temps

Mais Paris c´est Paris et c´est trés bien
mais non. Moi, je comprend
Le Etoile, Notre Dame, Les Champs
c´est entendu, pour quoi pas?
je trouve, je trouverai, j´ai trouvé
¿dejá?

Eh bien!: allez, allez, vite
pour quoi pas?



(traducción al castellano de Jesús Moreno Sanz)

Muchas gracias
muy, muy agradecido
mas no, está muy bien

Os lo agradezco señora
no hay de qué
váyase usted, apresúrese
está completo, pero está muy bien

Un farolero, un haragán,
un sabelotodo,
la plaza del Alma, un bombero,
me da igual

Cuando usted quiera
¡Ah señora si usted supiese!
está bien
los viejos buenos tiempos

Pero París es París y es así
mas no. Oh sí, yo comprendo,
L´Etoile, Notre Dame, Les Champs,
está encendido, ¿cómo no?
busco, ya encontraré, ya he encontrado
¿ya?

Pues bien, vaya, apresúrese
Y cómo no.

¿María Zambrano escribió poesía? (Cap.I)

d.b
MADRID. Los hallazgos más dichosos son los que se alcanzan lejos de cualquier casualidad tras infatigables búsquedas a lo largo de toda una vida. Por qué seducen si no con la primera mirada las joyas escasas en número y de abundante esplendor... Por ello he querido traeros uno de esos tesoros desconocidos y desenterrados lleno de misterio sobre la gran intermediaria española de la filosofía a la poesía, me refiero a la inigualable María Zambrano. La ensayista malagueña (22 de abril de 1904 - Madrid, 6 de febrero de 1991), gran amiga de Luis Cernuda, José Lezama Lima, Jorge Guillén, Rafael Dieste, Rafael Alberti, Ramón Gaya, Miguel Hernández, Camilo José Cela o Arturo Serrano Plaja, cumpliría este fin de semana la venerable edad de 103 años. En 1981 fue Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y en 1988 Premio Cervantes.


Decir que escribió obras claves de la literatura como «Filosofía y poesía» en 1939, «Hacia un saber sobre el alma» en 1950, «El hombre y lo divino» en 1953 o «Delirio y destino», escrito en 1953 y publicado en 1989, no es el objetivo de este reportaje. Unos son pasajes versificados, otros prosa poética, cuyo ritmo, juegos de palabras y tropos hacen que la crítica considere los escritos como «líricos». Pero, ¿María Zambrano escribió poesía?


En 1996 aparece la primera edición al cuidado de José Luis Puerto del estudio «El ángel del límite y el confín intermedio» hecho por Jesús Moreno Sanz, de tres poemas y un esquema borrador de un cuarto escritos por María Zambrano. Apenas 300 ejemplares del libro salieron a la luz. El descubrimiento de poemas exclusivamente líricos escritos en verso por Zambrano abría una puerta a ese mundo tan misterioso y místico que encierra las obras de la malagueña. Se desconocen si son los únicos, puesto que se trata de manuscritos inéditos, algunos enviados por carta a sus amigos. Moreno Sanz en el prólogo del libro así lo confirma: «me veo obligado a señalar que hoy día no ando tan convencido de que estos cuatro poemas sean los únicos que escribiese Zambrano». A lo largo de cinco capítulos quédense a conocer esta singular faceta de María Zambrano, por todos desconocida, que sin ser ni mejor ni peor, por encima de todo no deja de ser una prueba valiosísima para el esclarecimiento de la gran filósofa española de la poesía.

Carta de un padre a su hija

d.b
MADRID. Rompe el parapeto que se cierne sobre ti, florecilla enfrascada en la querencia de un sueño maldito. Los años que llevas con tu chico se hunden de repente cuando sales con adictas calaveras, por la miserable singularidad de estar vencida en la ceniza de un cigarro. Tu objetivo: sentirse viva y orgullosa, cual recuerdo de primera menstruación. Quiéreme si alguien te dice que estás muy buena, porque sí se unieron la hacienda y el mar en la noche del 14 de abril al golpeo de las olas horadando. Feliz seas en la sordidez, como paradigma de unas gafas que te muerden en la escucha sin saber que el reflejo de la cámara ausculta más allá de los límites del tiempo. Sigue como vas y no sonrías. Aunque tú no lo captes hay censura. Corta paulatinamente, pues nadie quiere la chaqueta de un murciélago con letras de celulosa que está grabada a deleite incomprensible en tu interior.
Fíjate bien y no cejes en tu empeño de ser niña abominable, porque eres un coral de enigmas con papel de estrella a las órdenes de la liberación más absoluta. Mereces por tanto la inconsistencia más radical de la economía cargada sobre tus hombros, para que después se repartan dividendos con el fin de tu tristeza. Te encausaron hasta el día de hoy, mas no me atrevo a juzgarte, miento. Si desapruebo tus patosos movimientos, de fuego tras el ritmo infiel que esconden tus ojillos, no es por apego al viento que esculpe mis mejillas ni por amor al sol que riza los dolores, sino por la lluvia caída que filtra los pecados y siente el miedo de la gente en mi impaciencia. Goza la espera frente a la luz de la sabiduría más golfa del momento. Mueve el escándalo en tu cintura, la palabrería en tu ombligo y la envidia en tu pecho, pues gloriosa es la esgrima del poder que te relanza anónimamente. No lo olvides: eres todo lo que quieres y el cielo sonríe vergonzoso.

Federico «Gilipollas» Losantos, poeta maldito (2ª columna)

d.b
MADRID. Éstos que reproduzco afortunadamente a continuación no son insultos ni vejaciones, sino versos de F. G. L., Federico «Gilipollas» Losantos, de sus libros «Diván de Albarracín», «Tremedal» y «Torre de Marfil» que quizás sirvan para esclarecer parte de las ocultas razones que guarda su lengua viperina: «Quiero, como quería aquel poeta, matar bajo tu sueño tu memoria»; «La belleza a solas: así pienso la locura»; «Pobre Federico tan / sacrificado todo / lo diste tú que / temías pero qué triste / ser segundo siempre»; «qué me impide entregar mi cabeza a tus ojos / prestar mi voluntad a ese tajo de sombra / que me saca a mi muerte, a lo único mío / de tu mano»; «Acércame / el corazón / que me falta y dame / el beso frío / de la luz del cielo». El poema «Desvío» que a continuación reproduzco, perteneciente a «Torre de Marfil», podría revelarnos el sentir auténtico sin máscara alguna de F. G. L., Federico «Gilipollas» Losantos, ante las rencillas y odios que guarda frente a quien fuera una antigua amistad. ¿Por qué esto no se atreve a decirlo en la radio? Quizás porque en su poesía refleja su verdadera debilidad y temor, y esto no es rentable:

Alguna vez te veo de lejos y me vuelvo
contra mí mismo. Me sorprende
que pase el tiempo entre nosotros
como pasa, tal una herida abierta
que se olvidó de cerrarse. Si fuera
tuyo el desvío y mía la codicia
me compadecería. Así,
sólo temo una cosa: alguna tarde
tan tibia como ésta, como aquéllas,
en alguna calle, a solas,
encontrarte.



El último día del año 1997, F. G. L., Federico «Gilipollas» Losantos, escribió una columna de opinión en el Diario El Mundo sobre el centenario que comenzaba al día siguiente de F. G. L., Federico García Lorca. El artículo, que denota un gran desconocimiento sobre el autor de «Poeta en Nueva York» y «Romancero Gitano», concluye con la siguiente y lamentable sentencia: «La beatificación de mi tocayo puede hacer milagros. Verbigracia: que lo lean menos en el 99 que en el 97». Como el propio F. G. L., Federico «Gilipollas» Losantos, dice en el prólogo de su «Poesía Perdida. 1969-1999»: «del bautismo y de la caricatura no se libra nadie». Bautizado queda con el sobrenombre de «Gilipollas». Para su caricatura os dejo unos versos suyos –toda comparación con los versos de F. G. L., Federico García Lorca, es un craso error y una pérdida de tiempo– de los libros «Tremedal» y «Saliendo de Madrid», que podéis confrontar con los insultos que a diario difunde por las ondas: «Eres más hermosa que los discos de Rock»; «Chopos desnudos / camposanto / junto al río / un anciano». Se nos puso romanticón...

La voz de Federico (1ª columna)

d.b
MADRID. Los españoles se dividen en dos frentes. Por un lado están los que por necesidad se levantan a cagar todas las mañanas y por el otro lado se encuentran los que se levantan por placer a escuchar a Federico Jiménez Losantos. Para el caso es lo mismo: el tufo es insoportable debido a las pestes que despiden. Lejos quedan ya los romances de don Jaime Campmany, que con nostalgia recordamos cuando alegremente conectabas con las mañanas de la COPE. Paradójicamente, todo el mundo escucha a ahora a Federico «Gilipollas» Losantos (F. G. L.), bautizado así por la gracia de repetir tanto en las ondas el por otro lado nada desdeñable taco. En contraposición a ello y ante la presumible sorpresa del venerado gentío, nadie ha podido escuchar la voz del que dicen era el mejor poeta de su generación cuando se subía al púlpito y recitaba. Me refiero también a F. G. L., pero no se asusten, estoy hablando de Federico García Lorca.

Los bohemios o frikis de la poesía estoy seguro que no se sorprenden si les cuento que F. G. L., Federico «Gilipollas» Losantos, es también poeta, aunque como él dice, es «poeta clandestino», porque le da «repelús» los certámenes de poesía, los congresos universitarios, las tertulias literarias, los grupos y generaciones de poetas y las lecturas públicas. Es un personaje muy misterioso, porque no deja de ser misterio que no tengamos grabaciones de su voz. Como habrán podido imaginar me estoy refiriendo de nuevo a F. G. L., Federico García Lorca. Las hubo, porque recitaba a menudo en radio –qué coincidencia– tanto en España como en Argentina; pero estas grabaciones no se han encontrado y se cotizan al alza como uno de los grandes descubrimientos que está por llegar a lo largo del siglo XXI. Dice el escritor e investigador lorquiano, Ian Gibson, que estarán en algún sótano de Buenos Aires: «quién sabe, quizás algún día aparezcan. Sabemos mucho sobre él, pero no todo lo que nos gustaría». Realmente no sabemos nada de F. G. L., Federico «Gilipollas» Losantos. Sabían que se licenció en Filología Española con una tesis sobre las acotaciones de los «Esperpentos» de Valle Inclán; que militó en el Partido Comunista en su juventud –al contrario que F. G. L., Federico García Lorca, que era «apolítico», aunque injustamente convertido en símbolo de los caídos republicanos en la Guerra Civil– e hizo campaña a favor del Partido Socialista Andaluz en 1980; que el mismo día que nació mi buen amigo Iker Casillas sufrió un atentado por ser uno de los precursores del «Manifiesto de los 2.300, también llamado de los intelectuales»; o que escribió en El País y después en ABC, al que cita constantemente hoy día en su programa «La Mañana» y en su columna diaria en El Mundo... ¡Encima el tío escribe versos y se autoproclama: poeta maldito!


Tristemente, éstos que a continuación reproduzco no son versos, sino insultos y vejaciones que el Juzgado de lo Mercantil nº 5 de Madrid ha prohibido a F. G. L., Federico «Gilipollas» Losantos, volver a reproducir en su programa radiofónico contra el Diario ABC y su director José Antonio Zarzalejos: «Incompetente, lamentable, irresponsable, mentiroso, traidor, infecto, repugnante, falso, calumniador, basura, abyecto, ridículo, siniestro, falsarios, fariseo, vil, zote, avieso, criminal, periódico inane, sin influencia, no pinta nada, es igual lo que diga, informativamente no existe». Por si esto fuera poco, recientemente «La Audiencia de Barcelona» ha condenado al locutor F. G. L., Federico «Gilipollas» Losantos, a la Cope y a Radio Popular SA a indemnizar con 60.000 euros al presidente de Esquerra Republicana de Cataluña, Josep Lluís Carod Rovira, y al secretario general del partido, Joan Puigcercós, por vulnerar su derecho al honor, tras equipararlos con terroristas. Y esto no es todo...

Entrevista con Manuel Alcántara (3ª Parte)

«No se admite ser poeta y columnista a la vez, porque por pereza mental te clasifican solo en un rango»

d.b
MADRID. La bibliografía de Manuel Alcántara es rica y amplia en poesía. Debemos señalar entre sus publicaciones: «Manera de silencio», «El Embarcadero», «Ciudad de entonces» (por el que ganó el Premio Nacional de Literatura en 1962), «La Mitad del tiempo», «Plaza Mayor», «Anochecer Privado», «Málaga nuestra» o «Este verano en Málaga».
Escribe el profesor Martínez Albertos, tras haber analizado su columna personal, que sus artículos son una pura pirueta literaria, aséptica, sin intención de persuadir ni tomar postura por ningún tema. ¿Está en lo cierto?
Mi única intención es propiciar el libre pensamiento. Yo recibo muchas cartas de mis lectores. Juzgan el artículo no por la oportunidad o porque haya un adjetivo bonito. La gente lo que le gusta es que le des la razón y coincidas en el artículo que escribes con lo que ellos piensan. Yo admiro ese estilo viejo y liberal de no descartar que lleve razón el de enfrente, de no querer convencer a nadie. Cuando a don Pío Baroja le preguntan habiendo escrito más de cien novelas si sus escritos habían influido en la gente, don Pío que era un fenómeno de sinceridad respondió: «eso es como escupir en el mar». Cómo vas a influir en la gente. Aunque se han dado casos señeros en el periodismo como el Yo acuso de Zola. Yo no trato de convencer, ni de ver a cuántas personas arrastro, trato de presenciar, aunque inevitablemente tienes que dar criterios y opinión.
¿Distingue por tanto el artículo de opinión o de análisis, de lo que es la columna personal, que es más de estilo literario? Cuando escribe la columna, ¿se siente más escritor o más periodista?
Eso mismo lo dejó muy claro César González-Ruano cuando dijo: «yo no soy escritor de periódicos, sino escritor en periódicos». Lo que pasa es que yo creo que este estilo está destinado a la desaparición. No es lo mismo un articulista de opinión que el columnista. Tienes siempre ganado que alguien te lea si escribes sobre algo de lo que hable la gente. El tema caliente del día es el que está en el bar o en la taberna. Aunque no todos los días puedes hablar de la guerra de Irak, de la locura de los etarras o del bache del Real Madrid. El periodismo tiene que ser actualidad, aunque, por ejemplo, un día puedes hablar de las gaviotas, que aparcan fenomenal.
Dice Antonio López Hidalgo en su obra «Las columnas del periódico» que el columnista cuando recurre a la actualidad solo ofrece su punto de vista personal, porque escribe desde casa, no tiene acceso a fuentes propias y a veces comete el error de usar el rumor como fuente. ¿Es una falacia o lleva parte de razón?
En todo eso tiene parte de razón, por supuesto. La columna siempre da su opinión. Naturalmente glosa algún aspecto de la realidad, con más o menos talento, ingenio y oportunidad. Un periodista no es solo un rastreador de noticias. No me imagino a Larra yendo por las esquinas de Madrid cantando lo último que se decía, sino que hacía una meditación sobre un suceso.
Y cómo recibe usted a la musa de la inspiración. Nos puede ayudar a imaginarnos frente al papel en blanco dispuesto a escribir la columna de todos los días.
Siempre te da un respeto enorme escribir un folio todos los días. Para escribir con cierta confianza, antes me fumo un cigarro o me tomo una copa. Nunca improviso, pienso antes de qué va a ir. Analizo los periódicos en busca de mi tema, para que luego le pueda pegar unos muletazos templaditos. Hacerle una faena decorosa, que «esté aseado» como se dice en lenguaje taurino. Me tranquiliza mucho tener el título. Luego mi preocupación es no ser un predicador, ni dar la lata a nadie. No confundir frivolidad con ligereza.
César González-Ruano dijo parafraseando a Eugenio D´Ors: «lo que no es autobiografía es plagio». Cuando Manuel Alcántara escribe, ¿se confiesa ante los lectores?
Bueno, es una exageración. Yo creo que muchos lectores detestan la fórmula del «yo» y al articulista que repite constantemente «porque yo...». César superó los 20.000 artículos. Era un tiempo que el columnismo político estaba proscrito y hablaba mucho de su vida personal. Lo hacía muy bien mi querido César. Era el ser más lleno de literatura que he conocido.
Pero, ¿qué sucedió con César que nunca le aceptaron como poeta?
A César le conocía todo el mundo por ser uno de los más prestigiosos columnistas de la época. Pero no se admite ser poeta y columnista a la vez, porque por pereza mental te clasifican solo en un rango. Se debe al afán de etiquetar. Cuando yo iba al Café Gijón o al Teide a ver a César, me lo encontraba escribiendo, no su artículo de todos los días, sino versos, que después rompía. Él se murió un tanto dolido, por la falta de acogida seria de sus poemas. Su Balada de Cherche-Midi es magnífica.
¿Se siente usted igual de reconocido como poeta que como columnista?
Como diariamente desde hace muchos años escribo en Prensa y aparece mi foto en la columna, como columnista me siento más reconocido, a mucha distancia además. Por ejemplo, gracias a El Correo que tira más de 100.000 ejemplares, mucha gente me conoce en Bilbao por la calle, pero cuando recité allí unos versos, fue una sorpresa para la mayoría porque no me conocían como poeta. Pero la poesía por esencia es minoritaria. Yo nunca he visto a nadie hacer cola en una librería para comprar un libro de versos.
¿Le ha costado mucho llegar tan alto como columnista?
No, muy alto no creo yo que haya llegado porque me dan vértigo las alturas. He hecho de todo en el periodismo, los caminos no son fáciles, pero facilitan los premios eso sí. Hay gente que entra sin vocación, por haber visto una película. Es un oficio humilde, de amor por la verdad. Pero hay algunas cosas absolutamente bochornosas, que no tienen que ver con el periodismo. Por eso, yo pongo la televisión lo imprescindible. No me gusta eso de husmear en los maridos traicionados que tuvo fulana de tal y que piden las audiencias.
Acabando con los premios, obtuvo el González-Ruano y el Mariano de Cavia por artículos dedicados a la memoria de inolvidables amigos, como eran Tono y Federico Muelas, respectivamente. ¿Suelen ser estos artículos, los más difíciles a los que un columnista se enfrenta?
Sí, es cierto. Yo los escribí con lágrimas en los ojos. El género de necrológicas es muy duro, es prácticamente imposible escribir en caliente. La poesía se ha definido como una emoción rememorada en la calma. El periodismo exige la urgencia. Pero fíjate, Julio Camba, que era muy cínico, me contaba, «yo lo veo todo en forma de artículo: veo una vaca pastando y ya tengo un artículo; paseo por una ciudad y otro artículo; y cuando un amigo se muere, me pongo muy contento porque ya tengo el artículo de mañana» (risas).
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