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MADRID. Lo que Carmen Posadas ha unido, que no lo separe Santa Teresa de Jesús, porque sin ser protagonistas de esta historia, se interrelacionan en el mundo poético de Sonia Fides, a quien hoy os quiero presentar. Todo empezó cuando Sonia se animó a escribirme con motivo del especial dedicado a la Santa, porque «me fascina y me parece muy valiente lo que estás haciendo». Incluso ella recientemente ha escrito un verso que dice: «Y ser una nueva Santa Teresa de Jesús, pero sin un Dios con el que pactar orgasmos».
En lo que se refiere a Carmen Posadas, en ella radica una de las claves de la literatura de Sonia Fides, fan de su «perspiration», mal traducido como sudoración, por la manera distinta de «respirar» en su literatura, algo que no tiene nada que ver con «el caprichoso show de los pulmones», según cuenta Sonia, cuya forma metódica de trabajar, en espera de la palabra exacta, ha dejado de lado cualquier inspiración de antaño: «La poesía es un trabajo continuo, fatigoso en el que hay que sudar mucho para que la inspiración quiera venir un segundo a abanicarte». Os ilustro con un poema de su primer poemario «Mirar y ser mirada», que logró el X Premio Nacional de poesía Nicolás del Hierro. *- La poesía es un piercing en el pezón derecho de la luna - *
La palabra escupe en los termómetros.
Es un lago sordo para los grados centígrados,
un valle mudo para la adición que los trasviste en Fahrenheit.
A menudo se comporta con la elegancia de un pingüino Emperador
emulando a Esther Williams
sobre los dedos infectados de hipotermia
si se trata de practicar sexo oral con las metáforas.
Por eso me empeño en abrigar los códigos
que desconectan la alarma del puente colgante de mi boca,
pero la pausa continua haciendo trampas sobre las cutículas.
Los adjetivos están marcados,
las conjunciones pasean vestidas de nicotina
pero a la poesía no le gustan los vicios baratos,
prefiere la virtud como plato único de su dieta.
El verbo acude a sesiones de hipnosis,
en la consulta privada de un semáforo
pero al sustantivo no le funciona el claxón,
y le rompe el intermitente izquierdo a un artículo determinado.
En mi teléfono móvil tengo una llamada perdida del sintagma nominal.
Mejor no contestar o las oraciones subordinadas
renunciarán a ser vedettes si llego a un acuerdo con el verso.
El predicado es una habitación de fuego,
un viaje en descapotable a los archivos clasificados de la infancia
y la proposiciones se implantan muelas de oro
para limpiarle a la memoria el parabrisas.
El cigarrillo ya no entiende el idioma
con el que comenzó su súplica la noche.
La palabra juega al Scrablee con el humo.
La poesía es un piercing en el pezón derecho de la luna,
el poeta es la nada,
la ecografía en tres dimensiones del abismo.
– Por Sonia Fides–


